Thursday, March 30, 2006


SE PASARON EL TRIO DE LUJO....

Tuesday, March 28, 2006


Póngale nombre a la foto

NUEVA SECCIÓN

Póngale nombre a la foto?

Monday, March 27, 2006


Loca Virna (Lo más Grande)

Quien puede negar que la Virna es lo más grande que ha visitado Chañaral, después del Tiburón Contreras en la década de los ochenta o de Buddy Richard`s, por esos mismos años.
Todo comenzó en Playa Blanca cuando mi primo Rubén me invitó a pasar las vacaciones de verano junto a él. Eramos felices, pescando, corriendo en las rocas, bañándonos o pillando lagartijas.
Pero, cierto día, la historia cambió. Desde un auto rojo vimos aparecer a la inconfundible Virnita. la paz se convirtió en un infierno y mis veranos nunca volverían a ser lo mismo. (Continuará)

Friday, March 24, 2006


(A mi hijo)

Los diez años del Sebastián

Christian Palma

Mi hijo Sebastián cumplió 10 años el pasado 7 de diciembre. El es un niño bueno, alejado de todo conflicto generado por el mundo de los adultos. Inocente de las diferencias que llevaron a sus padres a separarse. El sólo pide estar feliz con uno y con otro y que el tiempo que pasa con su papá sea aprovechado a concho, desde la pichanga en la plaza, hasta la hora de ponerse el pijama.
Reconozco que “ese tiempo juntos” siempre es escaso y que la justificación de que tengo mucha pega o que estoy cansado no valen para él, aunque lo calle. Aun así, me gustaría que esos días en que me lo llevo a casa fueran eternos y los domingos en la noche, cuando el “hasta en dos semanas más” parte el corazón de ambos, se acabaran definitivamente.
No conozco el número exacto pero deben ser varios cientos los padres solteros que pululan por el país al igual que yo y que van por la vida tratando de arrebatarle un par de días o por lo menos unas horas más a las visitas fijadas de buena manera con esa madre que ya no es tu pareja o judicialmente si el pololeo terminó en mala, como en la mayoría de los casos.
Generalmente las mamas solteras son la parte sufrida de la historia: Que tengo que criar a la guagua sola, que tuve que retrasar mi carrera, que eché a perder mi futuro, que no podré rearmar mi vida, que no encontraré nunca más una pareja. Nada más alejado de la realidad.
Pero, quién defiende a los papas -que si quieren estar juntos a sus hijos-, de las rabietas y cambios de humor de las madres que impiden las visitas con las excusas más inverosímiles, ya sea por el despecho que no acaba, porque su nuevo novio le pone mala cara o simplemente de puro mala onda.
Como es costumbre mi hijo Sebastián pasó su cumpleaños en la casa de su madre, con los hijos de los amigos de ella, con los familiares que llevan el mismo apellido que él escribe en segundo lugar. La costumbre dice que esa noche lo pasé a buscar tarde, para irnos a abrir los regalos de sus abuelos paternos, comer algo y acostarse.
Lo habitual también fue, al verlo dormir, que me volviera a preguntar cómo hemos sido como padres. La respuesta es clara, el sacrificio y esfuerzo de su madre es innegable, pero se compensa con el placer de levantarlo cada día para llevarlo a la escuela, consolarlo por esa pena del alma o darle un beso con cuento incluido cada noche. Para mi son sólo dos fines de semana al mes. Para ella, la vida.
Feliz cumpleaños hijo.


(Dedicada a Juan Poroto Varas)

La número “9”

Christian Palma
Santiago

Avanzaba el año 1985. Yo corría libre por las calles del Puerto de Chañaral, sin otra preocupación que ir a la escuela y bajar en las tardes con mis amigos del barrio a jugar a la pelota en la playa. A veces pasábamos a la Hostería del pueblo a mirar si había alguien famoso. Nunca vimos a nadie.
Cierto día cuando el sol y la brisa nortina quemaban nuestros cuerpos que se deslizaban por la arena detrás del balón, vimos llegar un bus que se estacionó al lado de nuestra improvisada cancha. De él empezaron a bajar señores con buzos deportivos, conos anaranjados, mallas con pelotas de fútbol y muchos jóvenes vestidos con una camiseta naranja y blanco.
Nosotros, que nunca vinos a nadie importante, éramos testigos privilegiados del entrenamiento del mismísimo Cobresal, equipo recién ascendido a Primera División y que contaba en sus filas con el uruguayo Acuña, el zurdo Franklin Lobos, Juan Osorio (el único minero que jugaba en el equipo), Ronald Fuentes (aún no era chilenita) y un flaco pelo largo que se confundía con los Rivera, Suazo, Jería, Poblete, Cofre, Rojas y Saglie que formaban la oncena titular del cuadro de El Salvador (a dos horas de Chañaral).
Ese flaco, según supe luego, era un tal Iván Zamorano cuya única gracia en esa tarde, era que saltaba más alto que todos y que en cada frentazo buscaba nuestras miradas y de premio recibía un bullicioso aplauso de la improvisada barra.
Horas más tarde, el bus partió y nosotros nos dirigimos a casa. Al pasar por la Hostería, uno de los nuestros se perdió, al regresar llegó mudo y se fue raudo.
Pasó el tiempo y a Cobresal llegaron Salgado y Martínez, quienes junto a Zamorano formaron una de las ofensivas más bravas del fútbol chileno. El flaco de pelo largo comenzó a pasarse rivales los cuales comenzaron a hablar con otro acento, mientras la barra celebraba los goles en otro idioma.
Justo diez años después Zamorano tocaba el cielo en el Real Madrid y mi amigo, el que se perdió esa tarde, me mostraba su mayor tesoro. Una década atrás, cuando todos seguíamos embobados por el encuentro con los jugadores, el “poroto” se metió al bus y agarró la primera camiseta que tuvo a la mano. La guardó por años hasta que decidió contar su historia. Era la número 9, la primera camiseta del ídolo, antes de Los Andes, Suiza, España, Italia y México. Antes de todo.
Ahora la mítica 9 espera tranquila a que el hijo de mi amigo crezca y se la ponga antes de bajar a la playa a jugar una pichanga a ‘pata pela’ en una arena que quema igual como hace 20 años.

De puro solo (Dedicado a Rodrigo Gato Morales)
Santiago 2005


Solo, solo, solo
caminando, fumando, al comer,
solo con la televisión, en mi cama, este sábado infernal
Solo con tus pies marcados en la pared,
solo con tu foto en mi teléfono
solo, solo, solo
solo de amigos, de amor, de alegría.
Solo, solo, solo
Así voy esta tarde
solo.
Mientras tu, susurras al oído de otro: te amo
Solo, solo, solo
viendo tu mano posada en una que no es la mía.
solo, con tu fantasma, tus promesas, tu risa lejana
solo miro por la ventana y veo tu pieza
donde obviamente tú no estás sola.
La soledad sólo es para mi
solo, solo, solo
así voy esta tarde
solo
en esta vida infernal...

A mis amigos


Cuchitril (Santiago 2004)

Cuántas han pasado por mi cuchitril,
algunas han dejado sus recuerdos en la pared,
otras sus gemidos en mis oídos,
tantas caras que no vi,
tanto amor sin amar,
tantas promesas al viento.
las tablas guardan el secreto,
las arañas miran celosas,
las ratas sonríen con esos cuerpos desnudos.

Mis amigos también lo saben,
cada uno con su historia,
todos con la llave del cielo,
queriendo ser amados y
vulnerables al dolor.
somos un círculo maldito,
de amor, de odio, de pena y soledad,
de palabras sin sentido,
aunque honestas,
todos borrachos son mis amigos,
ebrios de alcohol,
sedientos de vida,
soldados invisibles,
que sienten lo que yo,
dónde estarán sus corazones?,
dónde quedó esa lagrima?,
dónde está el candado?,
cómo prendó la luz?,
las cuentas de la tía?,
quién las tiene?,
pagaste el agua?,
cerraste la puerta?,
cuiden el cuchitril,
que otra aventura está por venir,
que otro amor terminará mal,
que otra mujer nos llenará de besos,
qué otra, que otra...nos matará de a poco.

Una era de Antofagasta,
pero su nombre no llega a mi,
De dónde eras tú?
Ah, de Santiago, tienes razón,
y tú, de la Corvi vieja,
no, del Aeropuerto,
del centro,
de calle Salado,
de Copiapó,
de La Serena,
del infierno,
del Olimpo.

Son tantas noches,
tanto alcohol,
tanta droga femenina,
que mi memoria se volvió frágil
y no recuerdo nada,

Ahora estoy solo,
esperando por ella,
la que no dejará escritos en las vigas,
la que no susurrará te amo a las estrellas,
la que no se irá mañana,
la que no dirá soy tuya, mientras piensa en otro,
la que no huirá a la playa sin mi mano,
la que amará mi locura,
¿Vendrá?.

Y el cuchitril cambiará de color,
no cobijará aventuras sin destino,
no temblará con patrañas,
no servirá de cómplice,
no abrirá sus puertas,
no guardará el polvo,
no cederá ante el viento,
no dejará que me hagas daño...

Esa otra cerrará la puerta por dentro...

Barrio de Locos (TERCERA PARTE)

Christian Palma



Cual trilogía de la Guerra de las Galaxias, algunos fieles lectores me pidieron concluir la zaga de orates que inundan las calles de mi pueblo natal y que cruzan transversalmente a todas las ciudades de Chile.
En estas historias no podía faltar el Elio Acosta. El hombre de día camina con su traje de dos piezas raído por los años y su peluquín que afirma con unos más que visibles elásticos blancos. Pero eso no es lo más extraño, entrada la tarde, su estampa de viejo antiguo da paso a su otra cara. De a poco, en una parte solitaria de la playa, se va desnudando hasta quedar vestido sólo con una diminuta sunga. Ahí, Acosta da rienda suelta a su lado B, ese que habla de su homosexualidad y su escape de las burlas provincianas.
A esa misma hora, hace su aparición el polilla humana. El apodo se lo ganó al recoger cuanto palo aparece en su camino. Recorre los caminos en busca de madera, si no la encuentra, no duda en desmantelar casas abandonadas, galpones o incluso antejardines sin vigilancia. El sujeto no habla con nadie, como tampoco se sabe el destino de su peculiar trabajo.
El balazo es otro digno personaje. No conversa con nadie, sólo recibe los encargos y raudo corre a cumplirlos. “Balazo anda a comprar gas, balazo, anda a pagar el agua, balazo, faltan verduras, balazo anda a pasear los perros, balazo cierra las puertas”. Con esas frases recuerdo a mi abuela -que comandaba el viejo Hotel Plaza- dirigirse a quien en verdad se llamaba Luciano Díaz Cerezo y que vivía de los mandados.
Los locos Loayza y Siso, aparecen en este recuento. El primero con sus eternos negocios con empresarios canadienses a los cuales nadie ha visto y a los cuales nadie verá jamás. El segundo y su particular paseo por Chañaral, con su pantalón corto hasta los tobillos, la camisa adentro y su pelota de básquetbol -que nunca uso- debajo del brazo.
Finalmente, los locos más locos, mis amigos. Todos borrachos, ebrios de alcohol, sedientos de vida, soldados invisibles, que sienten lo que yo. Todos solos, esperando por “ella”, la que no dejará escritos en las vigas, la que no se irá mañana, la que amará nuestra locura. ¿Vendrá?.

Un barrio de locos (SEGUNDA PARTE)

Christian Palma

La historia contada la semana pasada que relata la peculiar vida de algunos personajes que me han acompañado desde la niñez a los cuales yo llamo cariñosamente “locos”, no pasó desapercibida. Muchos amigos me escribieron para reclamar por la omisión de tantos otros que merecen el mismo lugar, pues también forman parte del imaginario no sólo del barrio, sino que de todo el país, pues como está claro, éstos actores se repiten en cada esquina, en cada bar, plaza o callejón.
Siguiendo por la calle San Martín, no puedo dejar de mencionar al “Pink Floyd”. Único hippie de tomo y lomo que conozco, tiene casi 50 años, usa el pelo largo y junto a las notas que le saca a su piano de cola y a su guitarra que ha hecho sonar incluso con tres cuerdas, me habla con autoridad The Beatles, Jimi Hendrix o Jim Morrison. Todo un lujo.
A eso de las tres de la tarde fijo que aparece “El Mister”. Siempre ebrio y pidiendo una moneda en inglés. “Préstame money to drink please”, es su frase de batalla. Inolvidable fue el diálogo en esa lengua que tuvo con el “loco Horacio”.
-“I hablo english really, not como you que engañai a the people”.
-“I going to London and your no, por eso la reason is more mia”. Notable.
Cuando anochece se dejan caer los “punks”. Fuero jóvenes a fines de los setenta cuando el movimiento llegaba desfasado -para variar- a Chile. Ahora pasados los cuarenta se siguen vistiendo con jeans apretados y rotos, bototos y cadenas. Nunca el mohicano característico les quedo bien y han ido matizando el paso de los años con break dance, rap, hip hop y hasta algo heavy metal. Todo un caso.
En la casa vieja de dos pisos habita la abuela “Poltergeist”. Nunca se sale a la calle y sólo deja ver su fantasmagórica silueta a través de la cortina de su morada de madera. La primera vez que la vi, corrí aterrorizado.
Finalmente llega volando “Supeman”. Con su característico mechón en la frente, este sujeto ganó el apodo en el estadio, pues siempre llegaba al filo de la hora, con el equipo debajo, rápidamente se sacaba la ropa y a la cancha. Una vez sin querer le pegué un topón con el auto, cayó al suelo y raudo se fue directo al parachoque. “No le pasó nada”, me dijo. Literalmente se lo comió el personaje.
A falta de espacio, no actuaron hoy: el Cristiano, el Adriano Celentano, Eric Estrada, la Madonna, el Helio, el Forastero, el Polilla Man, Becho Niño, el Balazo, el Mosca, el Samurai Fugitivo y el bototo.

Un barrio de locos (Primera Parte)

Christian Palma

Como en Pelotillehue o Buenas Peras, cada barrio tiene sus historias y personajes que se van repitiendo con diferentes nombres a lo largo del país. La calle donde viví hasta los 13 años, no escapa a esta realidad y ha entregado una cantidad enorme de especimenes a mi imaginario.
Comenzamos con el Solís. Dicen que llegó hace muchos años en un barco, cuando supo que su señora lo engañó, se volvió loco y eligió la parte más desolada de la calle San Martín para vivir. Nunca más se bañó y se dejó crecer el pelo, seguro fue el primer rastafari que vi en mi vida, ahora sólo habla con los 50 perros que lo siguen como su sombra.
Cerca de ahí, habita Pedro “Tortola”, con otros 50 quiltros, su botella de vino y el peso de ese sobrenombre al cual no puedo referirme en estas páginas.
Bajando unos metros, nos encontramos con el cuchitril del Negro Cantor. No recuerdo haberlo visto alguna vez sobrio. Cuentan algunos que ha sobrevivido 80 años tomando porque cuando joven y trabajaba en el matadero, su desayuno era un suculento vaso de sangre de toro. Al verlo, trastabillar más de cuatro horas para llegar a su refugio, pienso seriamente en dejar el trago.
Quizás el “loco” más conocido del barrio es el Horacio. Según él, estuvo en Vietnam, el mismísimo Pinochet lo mandó matar y que una vez fue abducido. Maneja tres idiomas, estuvo un semestre en la Universidad, ahora es guía turístico y vende papas en la feria, todo un personaje que quedó atrapado la simpleza de la adolescencia. Su vecino es de los locos nuevos. Poroto le dicen, su vida acontece en la estratosfera de la cannabis y el LSD, buen chato, pura risa y paz.
El Kikiño se deja ver de tarde en tarde, siempre apoyado en la baranda de su balcón, su piscola en la mano y el saludo a flor de labios. Nunca le faltó el respeto a nadie, jamás pidió una moneda para tomar, sólo espera humildemente que lo salude cada vez que paso por debajo de su casa.
Finalmente, llegamos donde Juan “Pirulo”. Este es el más enigmático de todos, pues es el que supuestamente está más lejos de mi realidad. Me pregunto quién lo acuesta, quién lo levanta, por qué llora o ríe, que tan distinto podemos ser. Yo que camino por la vereda de lo “normal” según la sociedad y él que desde siempre ha sido llamado derechamente “loco”. Muchas veces, cuando pasa cazando mariposas invisibles, creo que el verdadero desquiciado soy yo.

En honor a mi amigo CARLOS DIAZ (URMENETA, PEJEPERRO)

A quién le importa el desempleo

Christian Palma


A Carlos Díaz no le interesa que la cifra del desempleo esté en un 9,9%, también le da lo mismo las críticas de la derecha y de los empresarios a las 180 mil plazas laborales adicionales para el 2005, anunciadas el martes por el Presidente de la República Ricardo Lagos, para contrarrestar este flagelo. Él no ha comprado el diario hace muchos meses, sólo hojea algunas revistas cuando se fuma un ‘derby suelto’ que adquiere en el kiosco de la esquina de su casa. Ya casi no enciende su televisión en blanco y negro. A Carlos Díaz, cesante de 27 años, sin oficio conocido y padre de una hija, lo único que le importa es conseguir ‘pega’ y llegar con algún dinero a casa antes del anochecer.
Díaz además no sabe que forma parte de las 605.460 personas desocupadas que existen en Chile, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). “¿Qué es el INE?”, diría sin tapujos, si le preguntaran de improviso.
Lo que preocupa a los que sí saben lo que el INE dice es que el desempleo llegó a niveles no vistos desde septiembre de 2001, cuando superó la ‘mítica’ barrera de los dos dígitos (10,1%) y que la cesantía puede seguir subiendo, donde un punto más significa unos 7.000 Carlos Díaz adicionales en las calles.
Pero a quienes debería importarle aún más es a los encargados de generar los ansiados puestos de trabajos, los empresarios. Sin embargo pareciera que les da lo mismo, o de qué manera se entiende que un país que pretende crecer a un 5% este año, que se vanagloria de ser los mejores de la región y que aspira a ser desarrollado al 2010, tenga tal magnitud de desempleados, cuyo único sostén son los ‘pololitos’ esporádicos. Impresentable también, tomando en cuenta que muchas empresas duplicaron y hasta triplicaron sus ganancias en los primeros seis meses del año. Y ¿dónde están los contratos? Es la pregunta que surge espontánea.
Uno puede estar o no, de acuerdo con las medidas gubernamentales al respecto o entender la posición del empresariado que alega que la recuperación económica recién se está notando.
Ricardo Lagos fue claro: “Si el sector privado no crea suficientes empleos y es necesario, nosotros, con recursos de todos los chilenos, vamos a generar puestos de trabajo”. Esa es su obligación, creo.
Mientras tanto, el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Juan Claro, tilda de “populistas” la propuesta parlamentaria de crear un permiso postnatal masculino a los afortunados con trabajo y el proyecto que obligará a los empresarios a pagar más meses de cotización en caso de despido de un trabajador. “Elegir la vía fácil e incrementar el bienestar de los trabajadores por decreto es proponer atajos facilistas, que más temprano que tarde los pagarán los trabajadores con menores y peores oportunidades de trabajo”, dijo. Huele a amenaza, creo.
Pero, qué pasa con Carlos Díaz mientras tanto. Lo bueno, le salió un ‘pituto’ cuidando casas en Coquimbo. ¿Qué cómo lo sé?. Lo sé porque Carlos Díaz es mi amigo desde los tiempos de colegio.

Hola a todos:

Espero que esto sea el comienzo de un fin lejano....Ya vamos a seguir con las palabras amarradas a la viga azul, por ahora van sueltas como pensamientos al amanecer...con tu rostro dibujado en mis sienes